martes, 15 de octubre de 2013

¿Qué me pongo?

Imaginen esto: Mujer joven se enfrenta a un clóset atiborrado de ropa preguntándose: "¿Qué me pongo?". Esta situación, la mayoría de las veces, termina tornándose en un caos absoluto. Sacas la mitad del clóset, te pruebas la otra mitad y nada te complace. Terminas por decir el consabido "No tengo nada que ponerme". Estoy segura de que todas las mujeres adultas han pasado por esto en algún momento. También estoy segura de que buena parte de la frustración se debe a una sola idea: "Estoy/ me veo gorda". 

Los estándares de belleza que dictan los medios de comunicación provocan serios problemas de autoestima en la mayoría de las mujeres. Todas nos hemos pasado horas frente al espejo examinando los gorditos, la celulitis, flacidez, estrías y más. ¿Pero qué pasa cuando tienes la certeza de que lo tuyo no es imaginación? Cuando tu IMC es superior a 30, estás gorda. No hay cómo darle vuelta a la verdad. No importa qué te pongas, te vas a ver gorda. 

En algún momento he escuchado una voz en mi cabeza respondiendo a la eterna pregunta con un "Lo que te quede". Y es que, cuando eres una gordita que durante años ha subido y bajado de peso varias veces, tienes el clóset repleto de ropa de diferentes tallas. Acumulas ropa "para cuando bajes de peso" y te alegras de no haber tirado tus jeans de tallas más grandes. En algún momento del camino te haces de un uniforme: compras pantalones de cierta talla, de cierta marca por montones. Igualmente te haces de un arcoiris de la misma blusa. Te sientes cómoda, crees que te ves aceptable y dejas de preocuparte por qué demonios te vas a poner.
             
 Hasta que te invitan a una comida/cena/boda/evento... entonces entras en pánico. 

Seguro tienes varios outfits lindos, perfectos para la ocasión. Incluso tienes un par de cosas que jamás te has puesto. El problema es que todo te queda chico; dolorosamente chico. Y es que una de dos: o lo compraste una talla más pequeña ("para cuando bajes de peso") o te pusiste a dieta para usarlo y luego recuperaste el peso. Se te ocurre hacer una dieta relámpago o ir a comprar más ropa (y una faja extrema). Cuando finalmente llega el gran día es difícil dejar de sentirse incómoda. No queda más que respirar hondo, vestirse y salir. Porque, si bien es cierto que estás gorda (nuevamente, cuando tu IMC es mayor a 30) también es cierto que a nadie le importa como a ti. 

Lo mejor que puedes hacer es tratar de bajar de peso y usar toda esa ropa que guardas, definitivamente. Pero si  esta vez no lo logras, no pasa nada. No termines poniéndote un vestido negro enooooorme para "ocultar tus lonjas" ni recurras a usar suéter en Cuernavaca para tapar tus brazos. Deja de esconderte; nadie te está observando (y si te están observando necesitan comprarse una vida propia). En cuánto acabe la fiesta puedes retomar la lucha contra tu cuerpo y seguir tratando de bajar de peso. Usa lo que te quede de tu clóset y úsalo con confianza. 

En noviembre tengo que asistir a una boda y sí, me preocupa no saber qué me voy a poner. Tengo un par de vestidos que me gustaría usar. Ninguno de los dos me queda. El primer reto es lograr usar alguno en noviembre. El segundo reto sentirme cómoda con mi cuerpo, sin importar si logré o no bajar de peso. El tercer reto es, al día siguiente, no abandonar los esfuerzos por lograr que esos vestidos me queden o me queden mejor. Ya verán la foto de lo que finalmente usé el día de la boda. 

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